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viernes, 4 de febrero de 2011

LA ESTANCIA DE DON ADOLF BRAFFER (3ra.parte - final)

El  matrimonio, de Adolf y Berta, ya había decidido que tendrían su propia vivienda, y a pocos metros de la vivienda de sus padres, se levantaría un nuevo hogar.-
   Los padres de Berta, deciden continuar con su viaje, se despiden, y prometen que muy pronto, volverán a visitarlos.-
  El sencillo y pequeño establecimiento de Henrich de 1870, podemos decir que hoy es una estancia de gran porte.-
  En la misma podemos censar a Henrich y su esposa, la niña Heidi, la colaboradora Dominga Pereira y sus tres hijos, y el nuevo matrimonio Adolf y Berta.-
   El 2 de junio de 1887, nace el primer hijo varón de Adolf y Berta, que lo bautizan con el nombre de Federico.-
   El alemancito Henrich como lo llamaban, el 26 de mayo de 1894, cumplía sus cuarenta y cinco años.-
   Ya no era el joven fuerte y lleno de salud, decidido a enfrentar cualquier adversidad.- Los años, el trabajo, y la misma lucha por el crecimiento, reflejaban en su rostro, una dura lucha de casi veinticinco años.-
   Comenzó a delegar muchas actividades a su hijo Adolf, y él se dedicó a la comercialización, y a la búsqueda de nuevos mercados, para tener un precio acorde con sus pretensiones.-
  Muy pronto, se conocía como la Estancia de  Adolf Blaffert.- A fines de 1896, la estancia contaba con doscientas treinta cabezas de ganado, diez caballos, una buena dotación de suinos,  y trescientas veintidós hectáreas en propiedad, que parte de ellas eran utilizadas para la agricultura.-
   Sigue creciendo la familia, y  el 6 de noviembre de 1897, nace la hija de Adolf, que bautizan con el nombre de Tatiana.-
   Con las revueltas partidarias que vivía el País, perjudicaban en parte la buena comercialización de los productos, pero nunca bajaron los brazos, y con la mirada puesta en un futuro venturoso, salían adelante.-
   El 13 de junio de 1903, se produce la primera pérdida de la familia, con el fallecimiento inesperado de Don Henrich.-
  Pero la excelente formación empresarial, que había adquirido de su padre, Adolf no tuvo ningún inconveniente de quedar al frente de la estancia, que ya tenía una población de varias familias.-
   Los hijos de Dominga Pereira, se habían casado, tenían sus hijos, y todos trabajaban para el engrandecimiento de la estancia.-
   Doña Magdalena la madre de Adolf, seguía encargada de la producción de envasados, y no descuidaba la calidad de su manteca, y sus quesos saborizados a la tradición alemana.-
   El ganado mayor, era atendido por los hermanos Dos Santos, y sus esposas, colaboraban en el ordeñe, y atención del tambo.- Doña Dominga, ya mayor, cocinaba para todas las familias, y en rueda familiar, se sentaban a una gran mesa, donde dejaban volar su imaginación, de futuros emprendimientos. La Estancia de Don Adolf Blaffert, era la referente del orden, prolijidad, laboriosidad y buen gusto.-
   Este grupo humano familiar, sigue creciendo en emprendimientos y en octubre de 1908, compran su primer carruaje de lujo, que mirado con admiración  por sus vecinos, pasa a formar parte de las bondades de esta familia, al tener a disposición dicho vehículo, a todos aquellos que necesitaban trasladarse a la población más cercana.
  Galpones para guardar la cosecha, refugios y lugar de carneadas, hacen a esta estancia, la mirada de bandoleros, y caminantes que muchas veces, llegan exigiendo pasar la noche y un plato de comida.- Siempre se le extendió una mano al necesitado,  el plato de comida y un buen techo, no se le negaba a nadie.-
   El mayor de los hijos de Dominga, que lo conocían como “el portugués”,  ha logrado un rodeo de primera calidad.- Don Adolf, excelente visionario,  decide, que los cueros que se vendían a los acopiadores, dejarlos en el establecimientos e instalar un pequeño saladero, que será manejado con el mismo grupo de la estancia.-
   Como vemos nada quedaba al azar, todo estaba pensado, para lograr un mejor ingreso, y de esa forma, se volcaría en una mejor calidad de vida de su familia, y de todos los que vivían en la estancia.-
  El 31 de julio de 1910, nace el tercer hijo de Adolf, y decide que en homenaje a  su padre, lo bautizaran con el nombre de Henrich.
   Heide la hermana de Adolf, tenía treinta y cinco años, y aún se mantenía soltera.- Pero en la primavera de 1910, llega a la estancia, un  apuesto caballero, vendedor de ropa, que recorría la campaña desde Montevideo.-
   Viajaba en un elegante carruaje, donde llevaba la mercadería, y era costumbre en él, pedir en las estancias que llegaba, para pasar la noche.- La estancia contaba con habitaciones, preparadas para visitantes, amigos, y como en esta ocasión un simpático vendedor.-
   Noche fue, que ya había pasado una semana, y el caballero no emprendía viaje.- La experiencia de Doña Magdalena, la madre de Heide, tiene una corazonada, y le pregunta a su hija, si gustaba del visitante.- Con la mirada baja, respetando la autoridad de su madre, confiesa, que estaba enamorada de él, y que posiblemente lo acompañaría a continuar el viaje.-
   Efectivamente ambos plantean esa situación y al otro día parten juntos, a seguir recorriendo la campaña.-
   Fue tan grande el disgusto de Doña Magdalena, que a los pocos días, un estado depresivo, la enferma gravemente.- Nunca más la volveré a ver, decía Magdalena, y lloraba en su recámara, a solas.-
   El 15 de diciembre de 1910, fallece Doña Magdalena Barget de Blaffert, y con ella termina, la historia de la joven parejita de alemanes, que un día vinieron cargados de sueños de su querida tierra natal.- Fue sepultada junto a su esposo, en el parque de la estancia, donde una lápida en común se leía este epitafio” Aquí yacen los restos de dos esforzados alemancitos, que dejaron su vida, en estas tierras”
       Adolf, reunió a todos los integrantes de la estancia, y les pidió que todo debiera continuar igual, que cuando vivían sus padres.-
   El orden, la prolijidad, el cumplimiento, y la palabra empeñada, fue el tesoro más preciado que le legaron sus padres.-   Aquella tapera, semi destruida, se había convertido en una elegante mansión de estilo alemán, con el escudo de la familia, en  la estrada de la casa.-
   Ya en setiembre de 1919, Adolf cumplía sus cincuenta años, y era un señor respetable, querido, y su estancia continuaba entre las más prestigiosas de la campaña.-



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