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martes, 30 de noviembre de 2010

UN REGALITO PARA EL DOCTOR


   En un pequeño pueblito, las personas más destacadas son el cura y el doctor. Don Jerónimo, un cura viejito, hace más de cuarenta años es  el director espiritual de su pueblo. La capillita muy sencilla, recibe durante todo el día, feligreses  que por diferentes motivos llegan hasta ella.
  Don Juan Antonio es el doctor de la comunidad.  Hace más de treinta años brinda sus servicios, con la misma dedicación que el primer día.
   Su puerta de calle, no tiene llaves, recibiendo a todos por igual,  a cualquier hora del día.  Los pacientes generalmente pagan sus consultas con presentes muy particulares; gallinas, huevos caseros, frutas, quesos, vinos caseros, dulces y en pocas ocasiones dinero. El doctor Juan Antonio agradece siempre con una sonrisa, y con fuerte apretón de manos despide a los mismos.
  Muy parecida es la situación del cura Jerónimo. Cuando sus feligreses llegan a solicitarle un bautismo, un casamiento, una misa en acción de Gracias, llevan a la capilla,  regalitos según la actividad comercial  que desempeñen.
   Muchas veces ambos se reúnen en un barcito del pueblo, a tomar un café. Charlan un buen rato, intercambiaban experiencias, entendiendo que sus servicios tienen algo en común. El doctor cura el cuerpo y el cura, alivia o cura el alma. La salud del cura Jerónimo se viene resquebrajando, por su avanzada edad, teniendo en cuenta que ya ha cumplido sus ochenta años.
    Se volvieron a reunir en el barcito a tomar un café.  El cura Jerónimo le reprocha a su amigo Juan Antonio, que hace varios domingos que no lo ve en misa, e inclusive no ha pasado por el confesionario. El doctor Juan Antonio, moviendo su cabeza, le responde que él tampoco lo ha visitado en su consultorio para un chequeo general.
    Pasaron varios días sin verse y se encuentran en el cementerio cuando sepultaban a Doña Elodia, la comadrona del pueblo.  Finaliza la ceremonia, y sin mediar palabras salen  juntos,  acompañando a los familiares.
  Cuando se despiden, ambos se prometen visitarse.
   Al otro día el cura Jerónimo llega al domicilio de su amigo el doctor.  Se sentaron, estuvieron varios minutos sin hablar, y al fin se rompe el silencio. ¿Qué te trae Jerónimo? le pregunta Juan Antonio.
–“Vengo por un dolorcito, pero… quería decirte que cuando tú llegaste a este pueblo, ya hacía más de diez años que yo ofrecía a mis feligreses los consejos y el apoyo que necesitaban”, indica el cura. –“Hoy necesito de tus servicios, pero no tengo dinero, ni especies para entregarte.” 
    Juan Antonio que escuchaba atentamente, se acomoda los lentes, traga saliva y le responde: “Cuando llegué a este pueblo, encontré en ti  al padre que perdí cuando era pequeño. Desde el primer momento nació en nosotros una bonita amistad, siendo tú mi consejero, mi apoyo en momentos difíciles, y un sosiego en horas de descanso. Es por eso que no me interesa  tu dinero, ni tus especias, porque me has entregado durante treinta años, tu amistad.”
  Estos viejos amigos, se abrazan, se sonríen, se miran a los ojos,  y aquella dolencia de la consulta desaparece.
     Muchas veces la mejor medicina, es el calor humano, el apretón de manos, la palabra justa y desinteresada entregada con amor.
  

sábado, 27 de noviembre de 2010

DOLORES, UNA FAMILIA GRANDE

Con fecha 13.setbre.2008, presenté mi primer libro titulado “Dolores, una familia grande”.
 Es un libro que recopila la historia de la Ciudad de Dolores, desde su fundación hasta el día de su compaginación.
  En él puedes encontrar desde sus primeros pobladores, hasta las Instituciones y comercios que hicieron de esta Ciudad una Gran Ciudad. Es por eso que en mi prólogo digo:
“Este trabajo comenzó como una simple investigación familiar, para conocer un poco más de nuestros antepasados. Como Uds. Pueden apreciar que la mayor información de familias está acentuada en los D’Andrea y Gadea. Pero continúo con diferentes genealogías de familias que también actuaron en nuestro medio, dejando un recuerdo en cada una de ellas, pero en realidad, el mayor porcentaje de la población las desconoce.
  No es difícil cuando a uno le gusta la investigación, que se vaya sorprendiendo, a medida que se encuentran datos que le parecen interesantes. Una familia no está aislada. Por eso surgen otros grupos familiares, que están relacionados entre sí.
  Tal vez en esta recopilación de información de la vida de Dolores, muchos datos parezcan insólitos, pero en realidad son extraídos de documentación que llegó a mi poder, y que tengo copia de la misma. Este trabajo no se hace solo, se necesita la colaboración de mucha gente, familiares, amigos, vecinos y funcionarios de diferentes reparticiones públicas y privadas.
 Lógicamente que traté de ubicar momentos de la vida social, religiosa, comercial, y política de nuestra Ciudad de Dolores.-
  Toda la información que detallo en este compendio de fecha y hechos, están debidamente documentados, para poder comprobar que lo dicho es correcto.
  Algunos hechos, son relatos y recuerdos de mi padre, otros a la buena memoria de mi suegra. Después de una larga investigación y búsqueda llego a la conclusión, que Dolores, es una gran familia.”

    Este libro tiene 630 páginas, con 9 capítulos y muchísimas fotos, antiguas y presentes.-

viernes, 26 de noviembre de 2010

CHISMOSA, PERO SIMPÁTICA(2da.parte-2/3)

Rosita – Hola Adriana, que bonita te veo hoy. ¿Tal vez estás enamorada?
Adriana – No sea chistosa Rosita, yo sigo enamorada de mi difunto esposo.
Rosita – Pero lo que se comenta en el barrio es otra cosa. Según comenta la rubia que trabaja de doméstica en los Suárez Pereira, que sales con el farmacéutico.
Adriana – No le permito esa infamia. Soy mujer de un solo hombre.
Rosita – ¿Dirás por noche?
Adriana – Adiós Rosita, Ud. Tiene la lengua muy larga, y yo no la soporto.
Rosita - ¡Si yo hablara!

   En esos momentos llega a la verdulería de Juan, Coca, la vendedora de ropa.

Coca – ¡Hola Juan! que lindo día.
Juan - ¡Lindo día será para Ud. Coca, para mi regular!
Coca - ¿Qué le ha pasado?, nunca lo he visto tan nervioso.
Juan – ¡Es que esa Rosita!, pone nervioso a cualquiera.
Coca – No le debe hacer caso, ayer estuvo en casa a visitarme, mejor dicho a pedirme fiado una prendita.
Juan – Me imagino las cosas que le anduvo chusmeando.
Coca – Bueno, en realidad.
Juan – No se quede con el entripado, y largue el rollo.
Coca – No quiero tener problema, es muy fuerte.
Juan – No importa, uno debe saber con quien está tratando.
Coca – Bueno, se lo voy a contar. Parece que el chico de la otra cuadra, el rubiecito, vio, es homosexual.
Juan – Eso le dijo, si ese chico anda de novio con la morochita que está empleada en la tiendita de la turca.
Coca – Más, me dijo que su novia le consigue los candidatos.
Juan – No le hagas caso, esa Rosita cada vez está más chismosa. ¿Qué va a llevar?
Coca – Unos tomatitos como para ensalada y un kilo de papas.

    Se hizo un corto silencio, cuando vieron entrar nuevamente a Rosita.

Rosita – A lo justo Coca, iba para tu casa a cambiarte la ropita que traje ayer. Me parece que no es de buena calidad, ¿y tú sabes?
Coca – No hay problema, te espero en la tardecita, porque ahora tengo que hacer otros mandaditos.
Rosita -¡Mandaditos!, o te vas a ver con el Ramón.
Coca - ¿Qué Ramón?
Rosita – No te hagas la tonta, si todo el barrio comenta que te encuentras con el Ramón, el diariero.
Coca – Eso es una calumnia, y no te voy a permitir
Rosita – Y entonces de donde sacó la plata, para comprarse una bicicleta nueva.
Coca – Eso no es problema mío. Aquí terminamos la conversación.

    Coca tomó su bolso, y salió muy rápido de la verdulería.

Rosita – ¡Vio Juan, que nerviosa se puso!, seguramente le di en la matadura.
Juan – Está bien Rosita, te pido que esos comentarios no me lo hagas en el local, me vas a correr todos los clientes.
Rosita - ¡Ud. también tiene las suyas!, hasta luego picaflor.

    Llegó la hora del medio día, y como es costumbre la hora de dormir la siesta en sagrada. Después de la hora 16, recién comienza el movimiento.
 Serafín no tiene abierto su peluquería, y Santiago (el carnicero), llega en busca de sus servicios.

Santiago - ¿Dígame Don Froilán, no me lo ha visto a Serafín?
 Froilán -  Creo que iba a visitar a su hermano, que andaba un poco enfermo.-

   En esos momentos como por arte de magia pasa Rosita.
 
Rosita - ¿De que hermano me estás hablando? Si tengo entendido que es hijo único. Se habrá ido a encontrarse con alguna loca, como es su costumbre.
Santiago - ¡Por favor!, no repitas eso,  Serafín es un hombre serio, respetuoso e incapaz de hacer semejante mentira. 
Rosita – Acaso no se enteró cuando cotejaba  a la jovencita Silvana. Diga que ella lo trató de baboso, y nunca más pasó por su vereda.
Santiago – Bueno, bueno, Ud. solamente pasaba, mejor que se acomode el ruedo de esa pollera, que lo tiene descosido.
Rosita - ¡No ve! Ud. también se pone un poco baboso, mirándole el trasero a una dama.
Santiago – Que le vaya bien Rosita, sigo con mi trabajo.

   Aquella fugaz conversación pero muy sabrosa, llega a su fin. Rosita continúa su marcha, seguramente a visitar a Pascuala, la viuda de Pérez.
 Pero pasa por la vereda de Vilma, que está con su madre en el recibidor con un hombre muy apuesto, y descocido en el barrio.
   Observa con atención esa escena, y luego sigue su camino.

Rosita – Buenas tardes Pascuala, tengo una información que te va a sorprender.
Pascuala – Espérame un segundito, que retiro un recipiente del fuego. (la demora fueron unos minutos, y nuevamente…)
Pascuala -  Soy todo oído, tus informaciones siempre son jugosas, y llenas de emoción
Rosita - ¿No tendrás un vaso de agua? En el camino se me secó la garganta, seguramente de la sorpresa.
Pascuala – Comienza, que me tienes intrigada.
Rosita – Como lo hago siempre pasé por la casa de Vilma, esa solterona amargada de la otra cuadra. Sin querer,… miro por la ventana del recibidor, y que veo.
Pascuala – Me imagino a su madre Teodora tejiendo, como lo hace siempre.
Rosita - ¡No! Un hombre, desconocido, la tenía a la Pascuala agarrada de la mano, y la muy cuernuda de su madre presenciaba la chanchada.
Pascuala – ¿Estás segura que la tenía tomada de la mano?
Rosita – Por supuesto, de oído no ando muy bien, pero la vista no me falla.
Pascuala – No te puedo creer. Luego justamente tenía que llevarle una planta que le había prometido, y trataré disimuladamente de averiguar.
Rosita - ¿Por qué no vas ahora? A lo mejor aún está el tipo.
Pascuala – No, tengo que cambiarme, prenderme los ruleros, y cortarme las uñas de los pies, para ponerme las sandalias.
Rosita – Pero vos si que eres complicada. Aprende de mí, tres peinetazos y estoy pronta.
Pascuala – Qué vas hacer, soy diferente.
Rosita – Está bien, en la tardecita vengo por la noticia. Seguramente ha de ser un candidato que primero se fijó en la madre, y luego por descarte se queda con la hija.

   Se retira del domicilio de su amiga, pero era tan grande su curiosidad que decide visitar a Jacinta (la costurera jubilada), porque vive casa por medio con Vilma.

¿QUE CONOCES TÚ DE ROTARY? -(2da.PARTE)

Historia de la Rueda Rotaria
La rueda ha sido el símbolo de Rotary desde sus primeras épocas. El primer diseño fue hecho por un rotario de Chicago llamado Montague Bear, un grabador, que dibujó una simple rueda de carreta con unas cuantas líneas para mostrar movimiento y polvo. Se decía que la rueda ilustraba “Civilización y Movimiento”.
 La mayoría de los clubes pioneros que existieron, llevaban impresa en sus publicaciones y papelería, alguna forma de una rueda de carreta. Finalmente en 1922, se tomó la determinación que todos los clubes rotarios adoptaran un diseño único como el emblema para todos los Rotarios.
   Así en 1923, la rueda actual dentada con 24 dientes y 6 rayos, fue aprobada por la Asociación de Rotary Internacional. Los colores oficiales son azul cobalto y dorado. Un grupo de ingenieros llegó a la conclusión que esta rueda no estaba mecánicamente correcta, y no trabajaría sin una ranura para colocar una chaveta en su centro, para que pudiera adherir a una biela. En 1923 se agregó este cambio y el diseño que ahora conocemos se adoptó formalmente como emblema oficial del Rotary Internacional.

martes, 23 de noviembre de 2010

LA HERENCIA DEL TIO PASCUAL( 2ra.parte- 2/5)

  “Queridos sobrinos:
     Uds. representan para mí una parte importante de mi vida. Vuestro padre, mi hermano Felipe, más que hermano, fue un amigo”

  Una corta intervención de los presentes, posterga la lectura.

Sofía - ¡Pobre tío Pascual! Pensar que lo vemos ¡tan poco!
 Antonio – ¡Si el año pasado cuando fuimos, andaba de paseo!
 Martina – Y ya se olvidan que cuando estuvo operado en el Hospital, fuimos una vez a verlo.
 Antonio – Tiene razón Martina, ¡él también puede venir a visitarnos!
 Tía Juana – No me corresponde intervenir, pero él siempre los recuerda con mucho cariño.
 Sofía - ¡Dime tía! ¿Qué hizo su violín el tío? Cuando éramos pequeños lo escuchábamos con atención y sin chistar.
 Tía Juana – Creo que aún lo mantiene, pero hace mucho que no lo ejecuta.
  Antonio - ¡Me encantaría volverlo a escuchar, sería como volver a nuestra niñez!
  Tía Juana – Se lo diré cuando esté con él, y no duden que así será.
José – Les agradezco que no me interrumpan, para comentarios superfluos, seguiré leyendo.

   “En aquellos días de vuestra niñez, no pude disfrutar de sus juegos infantiles, mi trabajo me mantenía alejado muchas veces de la calidez familiar”.

Martina – La primera cartera que llevé a la escuela, me la regaló el tío, para una navidad.
Antonio – A mi me regaló un caballito de madera, baratito nomás, porque al poco tiempo perdió la cabeza.
   ¡Pero! Nuevamente el piano.

Sofía - ¿Qué pasa con ese piano, quién está en él?
Antonio – Yo iré a ver.

    Antonio entra al comedor, con los ojos sobresaltados, y en un temblor.

 José - ¿Qué pasa Antonio?
 Antonio - ¡El abuelo!...¡El abuelo!
 José - ¿Qué pasa con el abuelo, Antonio?
  Antonio – Está sentado en el piano, y me sonríe.
Martina – Eso es imposible, el abuelo hace más de quince años que falleció.
 Tía Juana – No se extrañen, el abuelo me dijo que posiblemente nos visitaba

   Por unos minutos el silencio se apoderó del comedor, y solo se podía escuchar la marcha del viejo reloj. Alguien debía interrumpir el silencio y lo hizo Pedro.
 
Pedro - ¡Por favor!, escuchen a vuestro hermano José,  el vino afectó Antonio y está viendo visiones.

   Continúa la lectura de la carta:

  “Hoy en el recuerdo, añoro el buen vino que tenía Felipe en su alacena. El postre de frutillas de vuestra madre y el fresco aroma de la madreselva”
El teléfono insiste en ser atendido, y por unos minutos se interrumpe la lectura. Pedro fue el encargado interlocutor del llamado.

  Pedro – Hola, ¿Quién habla?
  Teléfono (voz de mujer) - ¿Hablo con la casa de los Cimadevilla?
  Pedro – Sí, ¿que desea Ud.?
  Teléfono – Era para informarle que un coche fúnebre está estacionado frente a vuestro domicilio ¿Alguien ha muerto?
   Pedro - ¡Hola, hola……!

La llamada se cortó de improviso, no identificándose quien llamaba.

  José - ¿Quién era Pedro?  ¿Qué quería?
   Pedro – Sólo me dijo que un coche fúnebre esta estacionado frente a nuestro domicilio, pero de inmediato interrumpió el llamado.-
   Martina – Debieras haber insistido, y preguntarle quien llamaba.-
  Pedro – No me dio tiempo.

    Como empujados por el propio demonio, los cinco salieron a la puerta. Para asombro, ahí no había nada. La tía Juana sentada a la mesa, observaba con total tranquilidad el estado emocional de la familia Cimadevilla.

  José – ¡Qué llamada de mal gusto! ¡Nunca falta una mal educada!
  Antonio - ¿Esa mujer se habrá enterado de la carta del tío?
  Martina - ¡Por favor! No tiene nada que ver con el tío, solamente nosotros sabemos lo de la carta.
     El teléfono insiste y es la propia tía Juana, que lo atiende.
 
 Tía Juana -  ¡Hola, cómo están todos! Aquí estoy en casa de mis sobrinos, cumpliendo la misión del tío Pascual.
 José – ¿Quién era Tía Juana?
  Tía Juana - ¡Unos amigos!
  José – Pero tú le dijiste que estás cumpliendo una misión del tío. ¿Acaso sabías lo de la carta?
  Tía Juana - ¡Por supuesto! Mi hermano me cuenta todo.
  Antonio - ¡Qué lástima! Podrías haber venido junto al tío Pascual, para agradecerle habernos tenido presente en su testamento.
  Tía Juana – Él los tiene en su corazón, y quiere lo mejor para Uds.
  Martina - ¿No has probado bocado tía, no te gusta el pavo?
   Tía Juana – Ya lo haré, estoy algo indispuesta. Sigan con la lectura.
 Sofía – Olvidemos esta interrupción.  Prosiga José con la lectura.

“El día que partieron mis padres, “vuestros abuelos”, fue un día gris, de mucho viento e insistente llovizna. Al otro día el sol brilló como nunca.  Pienso que esta carta interrumpió la estructurada cena de todos los días.”

   Martina - ¿Por qué no lees el documento?,  posiblemente nos dice la intención del tío, porque esa carta se va por las nubes.
  José – ¡De ninguna manera!, respetaremos la voluntad del tío Pascual.

    En un sofá al lado de la chimenea, Pedro descansa con los ojos cerrados, pero los oídos bien atentos.

   “Por mi cariño de tío, y por el amor que le tuve a mi hermano Felipe, no podía dejar de pensar en este momento. Me encomendé al Señor, recé junto a la tumba de mi finada esposa, y ambos iluminaron mi mente. Siempre pensé que lo material no era lo más importante, que la vida debíamos llenarla de presencias enriquecedoras, y no de ausencias permisivas.”

Antonio - ¡Vaya, vaya!, me parece que este pájaro voló por las ramas, y nos está pasando factura, por nuestras ausencias.
Martina - ¡No juzgues!, es una bonita metáfora que debemos tenerla presente.
Sofía – ¡Seguí José por favor!, y no permitas que vuelvan a interrumpirte.
José – No haremos conjeturas hasta terminar de leer la carta y el documento, igual en cualquier momento nos visita el tío.
Tía Juana - ¡Por supuesto! Aunque Uds. no lo crean siento sus pasos muy cerca.

  En esos momentos desde un mueble ubicado en una esquina de la sala, se cae un jarrón recuerdo de familia.

Antonio - ¡Qué cosa más rara, jamás hubiera pensado que ese jarrón se podía caer!
José - ¡Por favor muchachos!, no vieron que la gata barcina estaba sentada detrás del pedestal. Sigamos con la carta.
Sofía - ¡Observen por favor! Un papel estaba guardado dentro del jarrón, y ahora esta en el suelo:
José – Hazme un favor Pedro, nos traes ese papelucho.
Martina – Déjenme observarlo. (Muy despacio toma ese papel amarillento, y lo lee diciendo:) ¡No puedo creerlo!, es la partida de defunción de nuestra abuela, la madre del tío Pascual.
Tía Juana - ¡Qué raro! Esa partida la tenía mi hermano Pascual en su caja fuerte, la guardaba con mucho respeto.
Antonio – Bueno tía, a lo mejor se lo trajo a nuestro padre, y él al no tener caja fuerte, lo guardó en ese jarrón de la familia.
José – No le demos importancia a ese papelucho, seguramente lo habrá guardado nuestro padre hace muchos años.  Voy a continuar con la lectura.


domingo, 21 de noviembre de 2010

LA CARRETILLA TRAVIESA


        Todo parecía normal hasta que Nepomuceno Saravia, compra una carretilla de madera, en la ferretería del turco Abraham. El turco como excelente comerciante, llena de elogios a la compra efectuado por Nepomuceno, diciéndole que la cuide, que de noche la deje bajo techo, que no la golpee, en fin, una serie de recomendaciones que el novel comprador a los pocas horas de tenerla en su poder, borró de su memoria.
   Esa misma noche decidió ponerle un nombre para identificarla con las demás herramientas. Su nombre sería “Traviesa”. Esa noche durmió en el mismo cuarto que él, la tapó con una vieja frazada, y antes de dormir, le dijo que sería su compañera inseparable.
   La noche fue muy placentera, llena de sueños y de ilusiones.           Comienza el nuevo día, y en el lugar donde había dejado a Traviesa, no había nada. Sale al patio del fondo, y la ve junto a un limonero, conversando con el rastrillo, la pala, y el balde de plástico, que Nepomuceno utiliza para darle de comer a los chanchos.
  ¡No lo podía creer! Se acerca junto a ella, y sin ningún disimulo, Traviesa se despide de sus compañeros de tareas, y sale rumbo al gallinero, que tenía una charla privada con el gallo.
   El pobre hombre se acuerda de los consejos que le había dado el turco, y decide volver al pueblo. Preocupado y lleno de dudas, le pregunta al comerciante: ¿Qué me ha vendido Don Abraham? El turco sonriente le dice: ¡No le dije!, debe cuidarla como una esposa.
  Regresa a su chacra, y sorpresa fue cuando al llegar, la ve rumbo a la cañada, llevando a todas las gallinas, al conejo, y al mismísimo perro.
  Trataré de hablar con ella, se dijo.  Llega a la cañada, la mira sonriente, la acaricia, y como buena criatura mimosa, cruje sus maderas, como aprobando el gesto de cariño que recibe de su amo.
   Nepomuceno no se anima a pedirle que regrese antes del anochecer por temor a ofenderla, y regresa a la chacra.
  Ya entre dos luces, llega la Traviesa, cargando dos zapallos, fresquitos huevos, amarillas naranjas y un ramo de flores silvestres que recogió en el camino. El perro saltaba junto a ella, y el loro que jamás dijo una palabra, charló un largo rato antes de la cena.
   La cena fue silenciosa, solo se oía el crujir de la rueda de Traviesa, que iba de un lado para otro. De pronto un golpe en la puerta indicaba una inesperada visita. Sin darle tiempo a Nepomuceno, la voluntariosa Traviesa recibe al perro del vecino que viene a saludarla. Toda una fiesta en el rancho. Cansado de un largo día de continuas sorpresas, Nepomuceno decide acostarse.
  Al otro día se despierta temprano, mira a su alrededor, inspecciona todo su rancho, y piensa: “realmente me hace falta una carretilla, hoy mismo iré por el comercio del turco Abraham”.

UN SUEÑO ATRAPADOR

El viento golpea en mi ventana
quedándose con mi sueño
sin saber que en ese instante
latía como un pequeño.

Quiero volver a mis sueños
  el sol llega apresurado
decido abandonar mi lecho
el viento volvió apurado

No puedo encontrar mis pasos
pronto decido quedarme
el sueño volvió a mi mente
alguien decía quererme

La brisa se burla otra vez
  momento de volver a mi sueño
 en instantes entrará por la puerta
atropellándome como un niño

¡Por favor vete a tu espacio!
ya jugaste demasiado
quiero volver a soñar
para tenerla a mi lado

Mi madre esta esperando
que retorne a su sonrisa
el sueño es mi camino
el tiempo me indica prisa



viernes, 19 de noviembre de 2010

MILONGA DE LOS CUARENTA





Como por arte de magia, nos llegó la tarjetita
eran Silvio y Teresita, que a su festejo invitaban
Todo venía de primera, foráneo era el menú
viniendo del extranjero, el cantante con su show

Llegamos al salón del bufete, y allí nos esperaba
Carlitos con su maquinita, que a todos nos escrachaba
Los tortolos enamorados recibían  los invitados
agradeciendo la presencia, la sonrisa  afloraba

La creación de Juan Andrés, se destacó en el salón
con la mano de Gustavo, que ayuda en la creación
Todo estaba impecable, sin faltar ningún detalle
para que la noche fuera una verdadera ilusión

También había venido, el pequeño Sebastián y Alina
junto con Valentina,  que el salón revolucionaba
Como olvidar amigos y familiares
que de todas partes llegaban

Comenzó la festichola, con música y animación
con el disfrute de los presentes, gozando de la canción
Cachadas y recuerdos afloraban a la mente del cantor
 nombrando a los anfitriones con mucha emoción

Silvio dejando de lado, su clásica figura
se bailó toda la noche, apretando a Teresita
que muy elegante  vestida estaba
 con un modelito exclusivo, que celosamente  guardaba

No olvidemos a Estelita que al caño se prendió
dejando solo a Héctor, en esta nueva expresión
Pronto vendrá el cotillón, a llenar de algarabía
con gorritos y  antifaz afloraba la alegría

 Un encuentro con amigos, se nos dio en esta ocasión
buena idea de Silvio y Teresita, expresar esa ilusión
Hubo varios destacados, que se plasmó en  sonrisas
que en las vidrieras de Carlitos, gozarán de admiración


A  Solita la apretó el cantor, y Fredy ni se enteró
seguramente estaba pensando en lacan guazú
Manolo y Blanca jugaron a los serios
eran los responsables de esa mesa de pendejos

Que más podemos decir, de esta noche especial
sólo faltó el cura para la bendición, aunque estaba Juan Ramón
Sin lugar a dudas, los comentarios estarán en la calle
que Silvio y Teresita vivieron una noche genial

De esta forma termina esta milonguita cariñosa
que muy sencillamente registró, lo destacado de la reunión
Y que en los próximos cuarenta
estemos fuertes, para bailar el pericón.





CHISMOSA, PERO SIMPÁTICA(1ra.parte-1/3)

      En un barrio como tantos, de un pueblito como tantos, vivían un grupo de vecinos, que más que vecinos eran una familia. Todos se conocen, comparten tristezas y alegrías, intercambiaban comentarios, dichos, entredichos y por qué no: chismes.
  Todo se desarrollaba en apenas dos cuadras, de una arbolada barriada, donde el carnicero, el verdulero y el peluquero son los principales referentes para los comentarios del barrio.
    Estas vecinas juegan con la información, con encuentros diarios y según el tema a tratarse, es el tiempo que le dedican.
  El robusto carnicero  Santiago con sus cincuenta años, goza de muy buena reputación entre las damas del barrio. Con su carácter bonachón y un poco inocentón. Lógico, siempre hay un motivo para ingresar en las charlas y las suspicacias.
  Juan un poco más joven, pues nunca niega sus cuarenta y ocho años, es el verdulero más chinchudo de muchas cuadras. Su soltería, según datos de su clientela femenina, lo lleva a tener ese mal carácter. Al lado de la carnicería de Santiago, se ubica Serafín el peluquero y barbero que el sábado pasado festejó sus cincuenta y cuatro años, en el bar del gallego Manolo.
  Estos veteranos comerciantes, tienen la posibilidad de conocer a las cinco mujeres más polémicas del barrio. De lengua filosa y de un ojo clínico muy agudizado, la cincuentona Rosita, tiene fama de chismosa. Sin quedarse atrás la tenemos a Pascuala, la viuda de Pérez, es una pensionista que le sobra el tiempo para entablar conversación con cada una de sus vecinas, más los comerciantes acreditados en la zona. Quién no ha visitado a Jacinta, la costurera jubilada, casada con Pedro.
  La Coca como la llaman sus amigas, es una mujer de mediana edad, pelirroja, dedicada a la venta de ropa para damas a domicilio. Algunos dicen que tiene más de cincuenta años pero ella, jura y asegura que tiene cuarenta. Día tras día visita las casas de sus clientas, ofreciendo su mercadería.
  Alguien dijo que Vilma, se mantiene soltera por qué de compadrona ningún candidato le venía bien. El que no era gordo, el otro petiso, el otro tenía mal aliento, e inclusive le molestan  los hombres calvos. Su madre Teodora siempre le recrimina que ha llegado a los cincuenta años, sin conocer el amor.
  Como todas las mañanas Rosita sale a ser sus compras.  Llega a la verdulería donde muy temprano los clientes eligen las mejores verduras.
Rosita- ¡Buenos días Juan!
Juan – Que tal Rosita, ¿que anda  buscando tan temprano?
Rosita – En fin; venía por algunas zanahorias, pero ya que estoy le voy a dar un datito.
Juan – Cuente, cuente Rosita, que sus comentarios siempre son jugosos.
Rosita – No se si es cierto, pero me contó Pascuala, que Silvana la jovencita que nadie sabe donde trabaja, anoche la trajeron a las tres de la madrugada, en un coche de color rojo.
Juan – Tal vez, comenzó a trabajar de enfermera
Rosita - ¡De enfermera! No sea tonto Juan, esa chica vio el algodón, solamente cuando le aparece la menstruación.

 En esos momentos ingresa a la verdulería Jacinta, con un bolso con carne fresca.

 Jacinta – Buenos días Juan y Rosita
 Juan- ¿Qué la trae por acá tan temprano? Ud. Siempre viene cerca de medio día
 Jacinta - ¿Cómo andas Rosita? pensaba que hoy tenías médico, como me lo comentaste  ayer.
 Rosita -  Me levanté temprano, pero perdí el turno en el Hospital. Fue por culpa de Adriana la divorciada, que según parece se hizo un aborto del panadero.
Juan – Diga Jacinta, ¿que precisa?
Jacinta – Precisaría Juan, unas cebollitas y tomates, le voy hacer un estofadito a Pedro, hoy cumplimos  cuarenta años de casada.
Rosita - ¿De casada? Yo tenía entendido que estás en concubinato, por lo menos me lo comentó la Coca, que te vendió la semana pasada una ropa interior de color negro.
Jacinta – Gracias Juan, mañana se las pago, cuando Pedro cobre la jubilación.
Rosita - ¡Quién la ve a esta vieja! tener el atrevimiento de pedirle fiado.
Juan – Bueno Rosita, que más le doy.
Rosita – Gracias Juan, solo llevo las zanahorias, aún tengo que pasar por la carnicería. Santiago debe saber si la divorciada Adriana, se hizo el aborto, él es amigo del panadero. Cuando regrese se lo cuento.

  En esos momentos se cruza en la puerta con Pascuala, y se saludan con un beso y un abrazo muy efusivo. Pascuala llega a la verdulería.

Pascuala - ¡Qué tal Juan! Que andaba haciendo esa chismosa.
Juan – Como siempre, ¿Ud. la conoce? Me preguntó por vuestra persona, ella la aprecia mucho.
Pascuala - ¿Le parece? Según Vilma come día por medio, y cuando se queda sin comida, visita algún familiar a la hora del almuerzo. Pobrecita igual la quiero.

Pascuala compra algunas verduras, y se retira de la verdulería. Pasa lentamente por la carnicería, y la ve a Rosita, charlando con el carnicero.

Rosita – Qué cosa Santiago, la Adriana nunca quiso saber nada de Ud.  Ella dice que Ud. Siempre tenía olor a carne fresca.
Santiago- ¡Eso no es cierto! Cuando podía acercarme a ella, me ponía el perfume francés que me trajo el boticario hace unos años.
Rosita – Bueno, a la Coca le pasó algo parecido. Su pretendiente tenía un aliento con olor a cebolla. El pobre trabajaba de cocinero, en un bodegón del barrio bajo.
Santiago- ¡Está bien Rosita! ¿Qué va a llevar?
Rosita – Un bifecito chico, lo voy a comer con una ensalada de zanahorias.
Santiago - ¿Cómo me lo vas a pagar?
Rosita – ¡Como siempre Juancito! tú me prometiste contarme el secreto de la solterona Vilma, y nunca lo has hecho. Cuando me lo cuentes te pagaré todo.
Santiago – Por favor Rosita, no me comprometa, ella es una buena clienta y veo que está llegando al comercio.

   En esos momentos ingresa a la carnicería Vilma. Con una falda larga con flores amarillas, un monedero de cuero negro, y sobre sus hombros una saquito marrón  de lana tejido por su madre.

Vilma – Hola Rosita, me dijo el carpintero Ciriaco que estabas internada en el Hospital con una colitis importante.
Rosita - ¡De ninguna manera!, ese atrevido habla por despecho. Lo que pasa, que él sabe muy bien, que yo le conozco su vida amorosa. No hace mucho se acostó con un homosexual, en su propia carpintería.
Santiago – Les agradezco que esos comentarios, lo dejaran para la calle, mi negocio es serio y no quiero perder mi reputación.
Rosita – Ahora que lo escucho, recuerdo su romance con una putita del bajo.
Santiago – Si no precisa más nada Rosita, voy atender a Vilma.
Rosita – Hasta mañana Juan, hasta muy pronto Vilma, saludos a tú mamá.
Santiago- ¿Qué precisa Vilma?
Vilma – Voy a llevar un buen puchero, y un par de costillas.

  Un silencio se apodera de la carnicería, y al pobre Juan se le cayó varias veces su cuchilla.

Santiago – Disculpe señorita Vilma, pero esta Rosita me pone nervioso.
Vilma – No se preocupe Juan haga de cuenta que yo no estaba.

  Serafín, el peluquero estaba sentado en la vereda de su comercio, en una silla pequeña de paja. Como no podía faltar Rosita se detiene junto a él.

Rosita – Hola Serafín ¿como está su perrito?
Serafín – Marcha bien, Gracias  a Adiós. Si no fuera por el veterinario Ramón, se me hubiera muerto.
Rosita – Ahora que lo nombra, me viene a la memoria cuando el veterinario estuvo enamorado de la renga Josefa. ¡La pobre! perdió su juventud esperando que el tal Ramón se declarara.
Serafín - ¡La verdad! Que no conocía esa historia.
Rosita – Eso que no le cuento cuando se me tiró un lance, al llegar a la farmacia. Diga que el farmacéutico también estaba enamorado de mí, y salió en mi defensa
Serafín – La voy a tener que dejar Rosita, porque veo que estar por llegar Pedro, el esposo de Jacinta.
Rosita – Ese también tiene su historia. No me diga que no sabe cuando se escapó en un bote con la mujer del panadero. En otro momento le cuento algo más.
Serafín - ¡Buen día Pedro! ¿Como anda su esposa?
Pedro – Gracias, le manda saludos.

  En la esquina se cruzan Rosita con Adriana, la divorciada.

jueves, 18 de noviembre de 2010

COMENTARIOS DE MIS LECTORES

A mis estimados lectores. Aquellos que tengan deseos de hacer comentarios a los trabajos por mi presentados, les agradezco lo hagan por mi correo personal, detallado en la misma página. Por motivos que no he podido solucionar, los comentarios que se escriben en el recuadro a tales efectos, no quedan gravados. A todos muchas gracias.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

LA HERENCIA DEL TIO PASCUAL( 1ra.parte- 1/5)

   En la sala comedor de una vieja casona de mediados del siglo XX, se encuentran reunidos los cuatro hermanos Cimadevilla, prontos para comenzar la ceremonia de la cena. La particularidad de estos hermanos es que todos están solteros. José es el mayor tiene setenta y ocho años, usa gafas y se jubiló de empleado público. Martina con sus setenta y dos recién cumplidos, también jubilada de maestra. Antonio, con sus sesenta y nueve nunca trabajó por una discapacidad en su brazo. La más joven es Sofía de sesenta y un años, pelo canoso de rodete, es profesora de piano, y aún tiene sus alumnos. No podemos olvidar a la tía Juana, hermana de su padre, chispeante mujer de unos sesenta años,  profesora de inglés.
   Pedro es el viejo mayordomo, que ya cumplió los cuarenta años sirviendo a la familia Cimadevilla. Todo estaba listo para comenzar la cena.

 José - ¡Pedro! Sirva la cena
  Pedro –Sí señor, en unos minutos estoy con Uds.
  Antonio – Mi corazón  me dice que tendremos una velada diferente. ¡ No lo sé!  No me hagan caso.
 Martina – A mi la pechuga, Pedro, ¡tú ya lo sabes!
  Pedro – Si señorita, hace muchos años que se la tengo reservada.
 Sofía – ¡No seas guaranga Martina!, después que te tomas unos vasos de vino, ni te das cuentas lo que estás comiendo.
 Antonio – Insisto, ese pato no tiene apariencia de tierno, y nos traerá mala suerte.
  José - ¡Por favor Antonio! Tu prótesis no se va a dañar, puedes comer tranquilo.
  Pedro – Señor José, su porción preferida, como siempre. A Sofía le reservé las patas, que espero estén a su gusto.
 Martina – Me pondré el collar de perlas de nuestra madre, ella me la regaló, en su lecho de muerte.
 Sofía – Realmente ella me había dicho que sería para mí, y no su anillo de fantasía, que sacó en una rifa.
 Antonio – Nuestro padre sólo me entregó un reloj de bolsillo, que tenía cortada la cuerda, aunque me había prometido su anillo de oro.
 José – No debes quejarte Antonio, a mí nunca me regaló nada, y eso que era su hijo mayor.
  Pedro – Les agradezco que sigan con esas historias ya vencidas, y ahora de que sirve.
 José – Tiene razón Pedro, sentémonos a la mesa.


   Cada uno de los integrantes de la familia, ocupa el mismo lugar en la mesa desde hace treinta años, desde que sus padres murieron, por comer un pollo en mal estado. La sala casi en penumbra, una música suave del viejo fonógrafo nos trasladará mentalmente al exquisito mundo vienés.
    Hoy se servirá el plato predilecto de los hermanos; pato al horno con puré de manzanas. El añejado vino de la reserva familiar, no puede faltar.

   Antonio - ¡Un momento siento un ruido en el patio!
   José – Yo no escucho nada, te habrá parecido, o tal vez el gato del vecino.
  Martina – La música está un poco fuerte, Pedro ¿Me hace el favor de bajarla?
  Pedro – Enseguida me encargo de eso, estoy tratando de servir el pato.
   Sofía - ¡Pedro! Me hace Ud. el favor de alcanzarme la servilleta que en un descuido, cayó al suelo.
  Pedro – Para servirle señorita, con mucho gusto.
  Martina – José, no te olvides de pedirle el libro a la señora bibliotecaria, porque estoy interesada en su lectura.
  José - ¿Por qué no se lo pides tú? Si pasas por la puerta de la biblioteca, cuando vas a visitar a tu amiga Florencia.
  Martina – No me agrada la expresión del rostro de la señora bibliotecaria.
  José - ¿Cómo era el título del libro?
  Martina – “El hombre que volvió de la muerte”, dicen que fue verídico.
  Sofía – No seas tonta Martina, será solo una novela, como tantas.

  Antonio se mantenía en silencio, con muy poco apetito, pero con mucha sed. En esos momentos suena el timbre de calle.

  Sofía - ¡Pedro! El timbre
  Pedro – Sí, ya lo oí señorita, de inmediato estaré en la puerta
  
    El vecino Augusto con cara de preocupado habla con Pedro:

  El vecino Augusto – Buenas noches Pedro. Vi luz y llegué por aquí
   Pedro - ¿Qué se le ofrece Sr. Augusto?
  El vecino Augusto – Preguntar que hace ese crespón negro en el zaguán, ¿hoy por la mañana no estaba?
   Pedro – No significa nada, algún chico quise hacer un chiste de mal gusto. Muchas gracias igual, y buenas noches.
  José - ¿Quién era Pedro?
  Pedro – Era el señor Augusto, que vio un crespón negro en la puerta de calle, y llegó preocupado.
  Antonio – Que no sea pájaro de mal agüero, ese viejo, más vale que preocupe por su hija, que según dicen es sonámbula.
  Sofía - ¿Sonámbula? , ¿Quién te dijo? Tú has tomado vino, antes de la cena, y ya no sabes lo que dices.
  Antonio – Todo el barrio lo sabe, generalmente en noches de luna llena, como la de hoy. Con respeto al vino, te diré, que soy dueño de mis actos, y tomando cuando tengo sed.
  Martina – Corra bien las cortinas Pedro, no quiero ver a esa mujer pasar por la vereda.

   El vecino ya se había retirado, y a los pocos minutos nuevamente el timbre.

   Martina - ¡Pedro, el timbre! ¿Será la sonámbula?
   Sofía – No te preocupes Martina, ella buscará muchachos jóvenes, no viejos.
   Pedro – Voy por el timbre, antes dejaré la botella de vino sobre la mesa.
   Pedro – Buenas noches joven ¿que desea?
   El mandadero – Hace rato que estoy buscando la casa, y un señor borracho, me indicó que era la casa que parecía un ataúd.
   Pedro - ¿Cómo un ataúd?
   El mandadero – Según el borracho, hace años que sus habitantes parecen muertos.
   Pedro – Bueno, bueno muchacho, que se le ofrece.

 En joven entregaba al mayordomo un sobre, dirigido a los hermanos.

  Pedro – Este sobre es para Uds. lo envía el tío Pascual.
    ¿El tío Pascual? Se preguntaron todos en voz alta.
  El mandadero - ¡Espero la propina señor! Siempre que entrego una carta me la han dado.
  Pedro – Está bien joven, tome una moneda.

  De inmediato se interrumpe la cena, y José como hermano mayor es el encargado de abrir el sobre. En su interior una carta y un documento. Otra sorpresa: se escucha el piano de Martina, que se está ejecutando la partitura preferida de la tía Juana.-

    José - ¿Quién toca en tu piano Martina?
    Martina – No lo se, voy hacia él.-

     Sorpresa fue para todos cuando desde la sala de música aparece la silueta elegante de la tía Juana.

    Tía Juana - ¡Hola mis queridos sobrinos! Estaba aburrida y me dije: me corro a saludar a los hijos de mi hermano, y de paso les doy los saludos de vuestro tío Pascual.-
   Sofía – A lo justo, acabamos de recibir una carta de él y estábamos por leerla.
   Pedro - ¿Gusta cenar con la familia srta.Juana?
   Tía Juana - ¡Con mucho gusto, no podía perderme el exquisito pato al horno!
    Pedro - ¿Cómo sabías que teníamos ese menú?
   Tía Juana – Me lo imaginaba, es vuestro plato preferido.
  José – Les agradezco que tengan la amabilidad de escucharme, voy a leer la carta del tío.
  Martina - ¡Me parece! Que como maestra debería leer yo la carta del tío, tú estás un poco corto de vista.
  José – Pero yo soy el mayor, y deben respetarme.
   Tía Juana – No se peleen entre hermanos, José tiene razón.    
   Antonio – Deberíamos autorizar a Pedro a escuchar la carta del tío, él ya es parte de la familia.

  ¡Por supuesto!, contestaron todos

  Con voz  ceremoniosa y pausada comienza la lectura: