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viernes, 14 de enero de 2011

CHARLAS DE CALABOZO

      En una pequeña comisaría de pueblo, estaban cumpliendo sus condenas dos conocidos mal vivientes de la región. Dicho lugar estaba custodiado por un rudo encargado y dos agentes de no muy buena reputación. Por las noches en el apestoso calabozo de cuatro por cuatro, jugaban a las cartas los convictos con los agentes del orden. Juan el reo más veterano, le daba consejos a Pascual un joven e inexperto  ladrón. Alto, flaco, de ojos marrones, y con mucha imaginación, escuchaba con atención las lecciones de Juan. –“Debes buscar el momento justo, para entrar en esa casa. Sus dueños dos ancianos casi sordos, duermen en una piecita del fondo, pero guardan la pensión, en un armario de la cocina.” – “Pero ¿qué hago con el perro, que parece no tener amigos?” – “No te preocupes está viejo y es de reacciones lentas”. La jugada de cartas continuaba y los agentes fumaban y tomaban mate con los presos. “En fin” dijo Pascual, “-¿no será mejor la provisión del gordo de la esquina?, después de las diez de la noche queda sola, y he visto que la puerta del fondo, es pan comido”- “- Esa la dejaremos para más adelante, en la fecha justa, más sobre fin de mes” – “¡Que macana muchacho!”, decía Juan “-Me dijeron que la panadera recibió una herencia,…pero nosotros aquí adentro”.
  Uno de los agentes con el pucho en la boca y la cachiporra en el suelo, le pregunta a Juan –“De la última jugadita, me debes un dinerillo, fue grande el favor que te hice” – “No te preocupes muchacho, no me olvido, en el próximo trabajito te pago, y si sale bien el que estoy planeando, tendrás un regalito”. La armonía reinaba en ese calabozo. Bueno muchachos dijo el agente “Es hora de dormir. Mañana temprano vendrá el encargado, y es día de fajina”. Un manto de silencio cubrió la comisaría, se apagaron las  luces y los cuatro angelitos soñarán con futuros trabajitos.

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