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martes, 21 de diciembre de 2010

SE FUE Y ME DEJÓ SU MUERTE

    Desde muy joven aquella muchacha, dedicó su vida al cuidado de su padre.
Noches enteradas junto a su lecho, velaba el sueño, y contaba sus respiros. La leche pronta, la comida caliente, la ropa limpia, sus medicamentos a tiempo. Semanas enteras sin ver las mañanas, y noches muy largas, sin observar las estrellas. El amor pasó de largo, y la cabellera perdió su tinte. Los años golpean aquella muchacha, sin tener tiempo de mirarse al espejo. Las hojas del almanaque caían bruscamente, y aquel arbustito que plantó un día, hoy ya es un hombre de copa frondosa.
    Las novelas rosa que leía cuando adolescente, hoy tienen las hojas amarillas y tristes. Aquellas alegres melodías que bailó en los quince,  duermen en la radio que compró el abuelo. Todos sus amigos se fueron casando, ya no tiene encuentros de sueños  futuros.
  El invierno viene fuerte, y acosa al anciano. Los achaques de años pasados, se fueron agudizando, haciendo su mella. Madrugada fría, de viento arrachado, visitando la casa un duro momento.
  Se fue el anciano, dormido y sin prisa, dejando detrás un duro vacío. Momentos difíciles que debía enfrentarlos, sin pensar un instante, el día de mañana.
  Todo fue distinto, la cama vacía, un solo plato ponía a la mesa. Ya no habrá zozobra, todo está tranquilo. Pero ya no es lo mismo. Buscó las mañanas, y las vio nubladas, buscó las estrellas y las vio apagadas. Han pasado los años, y con él se le fue la vida.

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