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miércoles, 3 de noviembre de 2010

LA MUERTE DEL QUERIDO PEDRITO

    Era una noche lluviosa. El viento soplaba con mucha intensidad, no permitiendo que en la oscuridad, tuviéramos una visibilidad media, como para ver que ocurría a nuestro alrededor.
   Solamente se oían el golpear de un viejo portón, a la entrada de la casa.  La lluvia junto con las hojas caídas de los árboles, era una trampa mortal, para caminar en el patio.
   La insistente sirena, posiblemente del coche de bomberos o la ambulancia, te ponía la piel de gallina.
 El foco de ingreso a la casa, se rompe al ser golpeado por una rama. Miramos el viejo reloj de pared; al escuchar sus doce campanas, nos dimos cuenta que era media noche de un viernes 13.
  Tratamos de mirar por la ventana, era imposible, porque una rama había caído muy cerca, no teniendo un radio de visibilidad suficiente.
  De repente oímos muy cerca de la ventana del fondo, unos golpes, y luego un grito, difícil de identificar por el ruido del viento.
  Hicimos silencio y esperamos. El reloj marcaba la una de la madrugada, el viento había mermado, quedando una leve llovizna, que no molestaba. Nos decidimos a salir, para una evaluación de los destrozos del temporal.
   Nuestros sentidos quedaron paralizados, cuando vemos en el patio del fondo, su cuerpo inerte, lleno de sangre, con sus ojos abiertos como pidiendo auxilio, pero ya era tarde. Nos abrazamos, lloramos juntos, pidiendo la paz por su alma.
   Que hacemos ahora, nos preguntamos. No puede quedar tirado en el piso, él fue un gran compañero para nosotros, por muchos años. Haciendo coraje fuimos al encuentro de su cuerpo, mirándonos a los ojos, nos dijimos: Hemos perdido a nuestro querido lorito “Pedrito”.

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