Páginas vistas en total

jueves, 11 de noviembre de 2010

SOMOS DIFERENTES, PERO...

          En el hospital local se encuentran dos amigos que hacía muchísimos años que no se veían. La vida no los había tratado a los dos iguales. Uno de ellos con un impecable traje negro, corbata de seda, zapatos importados y un relumbrante anillo de oro en su mano derecha. El otro campera de paño marrón, pantalón de yean y zapatillas de medio uso. Se miraron recordando sus rostros de juventud, pero ya no era igual. Cuando el sencillo amigo intentó darle un abrazo, solo una mano y un débil apretón registró el encuentro.
   Intercambiaron viejos recuerdos, sentándose a tomar un café en la cantina del hospital. La impaciencia y el apuro de atender su celular, marcaba su vida acelerada y llena de compromisos empresariales que vivía a cada momento. Sin embargo el otro amigo jugaba con los tiempos, disfrutando sorbo a sorbo el insignificante café. Por un momento sale  con urgencia a la sala de emergencia, regresando con su rostro lleno de preocupación y desconsuelo. El viejo amigo seguía sentado sin apuro terminando agradecido el convite del encuentro. Un breve silencio se hizo entre ellos. –“¿Que te pasa amigo, que te veo preocupado, y algo alterado?” – “Necesito con urgencia sangre para mi esposa, y no tengo la menor idea a quien recurrir” – “Eso tiene solución, yo y mis amigos del barrio con gusto te donaremos la sangre” “Pago lo que sea necesario para conseguirla, pero debe ser para hoy”. “Eso no interesa buen amigo, cuando se tiene un corazón abierto, no es necesario el dinero”. “Cuando éramos jóvenes y buenos amigos, tú me regalaste un bonito cinto que aún lo conservo. No era de gran valor, pero estaba lleno de afectos.” Hoy, soy yo quien te regala parte de mí, para que vuelva tú tranquilidad, y luego poder seguir dialogando” Ese hermoso gesto irrumpió en llanto al poderoso amigo, que agradeció con un fuerte abrazo, jurándole no volverlo a olvidar nunca más en la vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario